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martes, 19 de febrero de 2019

" Lo que escucha el bebé deja huella en su cerebro "

Un bebé es la criatura más receptiva del mundo. Todo el está necesitado de estímulos, de afectos, de caricias y por encima de todo, de palabras. Aún más, cada cosa que escuche va a dejar una huella imborrable en su cerebro, de ahí, que debamos ser esos maravillosos artífices de ese amor que se entiende por el tono y que guía por la calidez de una voz que arropa y estimula.
Quien piense que hablarle a un recién nacido es tontería no solo se equivoca. Sino que además, contribuye a crear carencias y a poner frenos al proceso comunicativo de un niño. A los bebés hay que hablarles cara a cara, hay que hablarles mucho, cantarles, susurrarles, explicarles cuentos… A pesar de no descifrar aún el misterio de las palabras, son hábiles traductores de emociones y pequeños pioneros en el proceso del lenguaje.
Día a día y mes a mes dotarán de significado ciertas palabras, hasta que casi sin saber cómo, entiendan frases para después, ser ellos mismos quienes comuniquen cosas con su idioma propio. Todo este fantástico proceso debe darse en un entorno favorecedor, afectuoso y cercano.
Porque aunque no lo creamos, todo lo que el recién nacido escuche va grabarse en un cerebro que está desarrollándose en base a esa interrelación continua. Así pues, no lo dudes, lo estás haciendo bien. Si eres un papá o una mamá de los que nunca dejan hablarle a su bebé, tu hijo es todo un afortunado.
Te explicamos por qué.

Las rutinas, momentos idóneos para favorecer la comunicación.

Somos conscientes de que un recién nacido pasa la gran parte del tiempo dormido. Sin embargo, a lo largo de esas primeras semanas y meses de vida, disponemos de instantes maravillosos con los que iniciar ese mágico proceso con el cual, estimular el desarrollo cerebral del niño mediante el lenguaje.
  • La lactancia es sin duda el momento más propicio, mágico y significativo con en el cual, hablarle a un bebé.
  • Cuida de que el tono de tu voz sea cálido, positivo y con una entonación siempre positiva.
  • Busca el contacto visual cuando le cambies los pañales, cuando lo vistas y lo desvistas.
  • Los momentos de baño son instantes de ocio en los cuales los bebés son muy receptivos tanto a las voces como a la gestualidad de mamá y papá.
  • Si logramos arrancarle una sonrisa habremos dejado una huella más de positividad y amor en el cerebro del niño.
  • La voz de mamá guía al bebé.

    La voz de mamá tiene poder y ha estado ahí siempre, mucho antes incluso de que ese bebé llegara al mundo. Un niño ha pasado 9 meses en el viente de esa mujer que ahora lo mece, lo atiende y lo alimenta.
    • Al nacer, un bebé ya reconoce la voz materna, no podemos olvidar que el líquido amniótico es un gran conductor del sonido, así que en cuanto el feto desarrolla su sentido auditivo, es esa voz la que lo acompaña día a día.
    • Un bebé no entiende el  vocabulario, todos lo sabemos, pero tal y como hemos señalado al inicio sí comprende la intención y esa semántica contenida en cada frase.
    • De ahí que te atienda, que se ría o que de vez en cuando se asuste cuando en ocasiones, subimos la voz más de la cuenta.
    Las madres maravillosas y los padres excepcionales son aquellos que educan con afecto y dejan huellas de amor en el cerebro de sus hijos

    Las palabras deben acompañarse con gestos.

    La comunicación con un bebé debe reforzarse con gestos y un tono de voz adecuado. De este modo, consolidamos el lenguaje verbal con el no verbal y actuamos a su vez, como favorecedores de emociones positivas.
    • No olvides nunca sonreír mientras le hablas, buscando siempre su mirada.
    • Cuando le hables a tu bebé, recuerda también establecer pequeños tiempos de respuesta. Espera a que él reaccione, aguarda a que emita algún sonido, a que abra más sus ojos, emita un pequeño chillido o te sonría. De este modo asentamos también las pautas de los turnos de palabra.
    Otro dato interesante que no podemos olvidar es comprender el propio proceso comunicativo de nuestros hijos. Un bebé también hace gestos, muecas y emite sonidos. Una forma de reforzar el lenguaje es imitando nosotros sus gestos y sus sonidos, de esta forma, les hacemos ver que los entendemos, que cada cosa que hacen y dicen es importante y valorada.

    Las claves del “babytalk”: algo que todos hacemos sin darnos cuenta.

    El modo en que un adulto habla con un bebé se llama “babytalk”. Esta palabra inglesa define al fin y al cabo algo que la mayoría de padres y madres ponen en práctica cada día.
    • Ningún adulto le habla a un bebé del mismo modo que se dirigiría a otro adulto. Nuestro cerebro, de hecho, sabe cómo interaccionar con un niño pequeño para estimular el proceso comunicativo.
    • No podemos olvidar que el lenguaje es esa impronta genética que nos distingue del resto de primates y por tanto, estamos preparados para conseguir que nuestros hijos se inicien de forma temprana en esta capacidad.
    • Les hablamos con voz aguda para captar su atención.
    • También nosotros hacemos sonidos que estimulan en ellos sensaciones nuevas: risas, carcajadas, gorjeos.
    • A su vez, nadie nos ha enseñado a hacerlo, pero instintivamente decimos cosas como “ea, ea, ea…”  Verbalizaciones carentes de significante pero sí de significado: proporcionar calma a un bebé.
    • Para concluir, tienes infinitas razones para comunicarte desde el minuto “O” con tu bebé. Desde el primer momento en que llegan al mundo y los sostienes piel con piel contra tu pecho, ellos te necesitan. Y te necesitan también para aprender a comunicarse.Así pues, recuerda, todas esas primeras palabras dejarán huella en el cerebro e iniciarán el camino para el dominio de un idioma, y para entender el mundo a través de una voz cálida que le demuestra siempre y en cada momento, un afecto infinito.

domingo, 23 de febrero de 2014

Cómo mejorar el aprendizaje según las neurociencias (Por Nora Bär)


Decenas de trabajos de investigación están arrojando indicios valiosos sobre cómo mejorar el aprendizaje y el rendimiento escolar. Muestran que el desarrollo cognitivo y las habilidades de razonamiento no se dirimen sólo en el aula ni se fomentan sólo con nuevas técnicas pedagógicas.
Un trabajo recientemente publicado por Sebastián Lipina y su grupo de la Unidad de Neurobiología Aplicada de Cemic y el Conicet sugiere que la carencia de libros en la casa, no tener acceso a Internet y el escaso tiempo dedicado por los padres a leer cuentos a sus hijos están fuertemente vinculados con el bajo desempeño en pruebas cognitivas.
Mariano Sigman, jefe del Laboratorio de Neurociencia Integrativa del Conicet y docente invitado de la Universidad Di Tella, que el año pasado organizó un simposio internacional sobre neuroeducación, subraya que "una buena nutrición es una condición básica para el aprendizaje". Otro dato por tener en cuenta son los ritmos biológicos. "Particularmente en la adolescencia, se produce un desfase que hace que los chicos se duerman más tarde y se despierten más tarde. Se probó por distintas mediciones que en las primeras horas de la mañana los adolescentes están casi dormidos. Si bien es difícil cambiar el horario escolar, tal vez se mejoraría la disposición al estudio si al comienzo de la jornada se agruparan las actividades más recreativas y se dejaran para más tarde las que requieren más esfuerzo mental", explicó.
Otro trabajo de Fabricio Ballarini y colegas, que investigan en el Laboratorio de Memoria de la Facultad de Medicina de la UBA y el Conicet, mostró en más de 4000 estudiantes primarios, secundarios y universitarios una mayor consolidación en distintos tipos de memoria cuando una hora antes o una hora después del aprendizaje que se quiera fijar se brinda una novedad o una sorpresa que les cambie la rutina.
"Nuestros resultados muestran un aumento del 60% en el rendimiento si los docentes aplican esta estrategia", dice Ballarini.
Lo que miden las pruebas PISA y se espera de la escuela es que fomente el pensamiento racional. En este sentido, dice Pedro Bekinschtein, del mismo laboratorio, hay que tener en cuenta que existen dos sistemas cerebrales para tomar decisiones, uno más intuitivo y emocional y otro más analítico y racional. "Distintos factores pueden afectar cuánto se usa cada sistema en la resolución de un problema -explicó-. Uno, por ejemplo, es el estrés. Un poco de estrés puede ser estimulante y mejorar la performance cognitiva, pero mucho suele ser negativo y desplazar el sistema de toma de decisiones para el lado intuitivo (que es más rápido que el otro). El estrés también hace que las personas se focalicen más en lo inmediato y no en cuestiones de largo plazo."
Para Bekinschtein, la pobreza también tiene un impacto en la toma de decisiones. "Dos trabajos publicados en Science en 2012 y 2013 muestran que cuando no se pueden cubrir las necesidades básicas, las personas están privándose de las cosas que desean y esto afectaría la toma de decisiones y el foco de atención. Un chico con problemas de atención no siempre tiene un trastorno, sino que otros factores, como su situación socioeconómica, pueden estar afectando su comportamiento y desempeño cognitivo", afirmó.
Para Melina Furman, bióloga y doctora en Enseñanza de las Ciencias por la Universidad de Columbia, cuando uno mira las preguntas de las pruebas PISA resulta claro porqué no nos está yendo bien: porque evalúan capacidades de pensamiento crítico, tales como la habilidad de analizar datos complejos y sacar conclusiones, o la posibilidad de argumentar a partir de evidencias. "Se trata de estrategias centrales del pensamiento científico que son fundamentales para ejercer una ciudadanía plena, pero que están muy lejos de lo que hoy se enseña en las escuelas", explicó.
Aunque reconoce que la cuestión de cómo hacer para formar chicos que puedan resolver problemas no específicos no está resuelta, Sigman destaca que algo importante es concentrarse no sólo en los resultados, sino también en los caminos que llevan a encontrarlos.